jueves, 29 de noviembre de 2007

"Esas cosas que te hacen sentir uno de pocos..."

Por estos días se puede escuchar por radio una publicidad de Renault Kangoo, en el que distintas personas cuentan qué cosas los hace diferente al resto de la gente. La gracia está en que esas cosas son frivolidades del estilo “estoy orgulloso de no haber visto nunca un reality o no haber marcado nunca “Baila Matu al 13013.”
El aviso conduce directamente hacia su propia experiencia personal. “Aquello que te hace sentir uno de pocos”, reza el slogan.
Hacen la prueba? Por lo pronto acá va mi propio listado personal. Si existe alguien como yo en estas situaciones, exijo que me lo hagan saber, aunque apuesto que es un desafío imposible:

- No se me pegó el modismo actual argento...”Y bueno, nada...”
- Nunca vi “Titanic” de corrido
- Ha pasado un año entero sin hacerme el dormido para evitar dar el asiento en el colectivo
- He ido a una fiesta disfrazado cuando se había decidido -y nunca me enteré- que no iba a ser de disfraces. (me quedé igual...)
- Alguna vez he querido entrar a una discoteca por los techos
- Me han perseguido cinco perros asesinos con mi consecuente caída en el duro pavimento (iba en bicicleta), todo en medio de una salida con una chica.
- He festejado mi cumpleaños número 5, con un tremendo chichón en medio de la frente –me caí de una mesa jugando a ser “Superman”- imposible de disimular, mas aún luego la original y estupenda idea de mi madre de cortarme el flequillo por arriba del moretón (no subo la foto por obvios motivos) “para que no te moleste”
- He acompañado a mi pareja a una peluquería toda una tarde, en la cual –chusmeríos de infidelidades y críticas a “lolas mal hechas” mediante– me he dado una buena sobredosis de Caras y Gente – A propósito..¿vieron a la novia de Nery Cardozo? ¡¡Nery Cardozo!! Y qué bien se conserva Maru Botana con tantos chicos!..PERDON PERDONNNNN!!!!!! toda sobredosis deja un poco de resaca...
- Alguna vez le he dicho a alguien “Qué cara de velorio que tenés” cuando venía de enterrar a su tío.
- Chocar con el auto, chocan muchos, pero... ¿alguna vez alguien ha chocado contra un poste justo en frente de un cementerio?

Bueno, son sólo algunas. Seguro quedan algunas que no recuerdo y otras que me reservo porque no son publicables, al menos en mi propio sitio, ¡¡Es que tampoco soy un kamikaze, cheeeeeee!!

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Barreras que unen

Todo comenzó un 28 de noviembre de 2001. De un lado, El, 24 años, en Buenos Aires, Argentina; del otro, Ella, 16, en Asunción, Paraguay; en el medio, un salón de Chat de los muchos que existían. El entraba por pura curiosidad; Ella buscaba llenar espacios, que la reciente pérdida de su madre le abrió… Y como toda historia de amor, lo mágico se produjo. Raíces paraguayas en común marcaron el primer contacto, y a partir de allí, ya nada fue igual. Esas charlas de minutos al poco tiempo se transformaron en largas y diarias, en donde la diferencia generacional quedó de lado. Los golpes en el teclado se mantuvieron a un ritmo incesante en ese juego del describirse y el descubrir y el entusiasmo mutuo los hizo crear su propio mundo, lejos de un triste contexto como las crisis que atravesaban ambos países...

Pasó el tiempo, y la posibilidad de conocerse fue tomando color; los chats y las charlas telefónicas ya no alcanzaban. Así, en una fría noche de julio de 2002, el esperado encuentro se produjo. Fue en Buenos Aires, adonde ella había viajado con la excusa de visitar a unos familiares. Entre tanta mezcla de miedo, entusiasmo, alegría, emoción, el instante de ese choque de miradas quedará grabada en la mente y en el corazón de ambos: por esa risa nerviosa, por ese beso “entremejillayboca”… por ese amor que al fin se había materializado.Comenzaba otra etapa de la historia: los interminables viajes. El asumió el desafío de la distancia y decidió vencerla: en un año y medio se subió al micro 23 veces en los que recorrió en cada ocasión 2500 kilómetros de ida y vuelta, con mucho dinero invertido y con viajes que a veces sumaban más las horas en la ruta que en tierra firme. Sin dudas se transformó en todo un aventurero de la tierra colorada.

A fines de 2003, cansados de esos emocionantes pero al mismo tiempo cortos reencuentros, que dejaban un tendal de lágrimas inconsolables, Ella y El decidieron dar una vuelta más a la página, y darle el golpe de gracia a esa molesta barrera.El pidió licencia en su trabajo, se despidió de su familia y se fue a buscar su futuro en un país con muy pocas expectativas. Y a pesar de que nada de lo que tenía planeado laboral y económicamente le salió, su permanencia en Paraguay les ayudó a ambos a confirmar lo que sentían: que en el país vecino habían encontrado el amor de su vida. Y esa revelación los llevó a dar el gran paso: Unirse para siempre. El 30 de enero de 2004, los novios dieron el “Sí” en una pequeña iglesia de Asunción.

En plena luna de miel, la flamante pareja tuvo su pequeño momento de fama. Una periodista de ABC, el diario principal de Asunción, se interesó por la historia a tal punto de figurar en la contratapa de un suplemento especial por el “Día de los enamorados”. Razones no faltaban, pero para despejar toda duda, al término de la nota El renunciaba telefónicamente a su trabajo de donde lo habían intimado a que se presentara ya que su licencia había terminado…

Actualmente, Ella y El viven en Argentina, y a exactamente seis años de ese primer encuentro virtual, la historia continúa más viva que nunca…Y si bien el final no está escrito, al menos constituye una verdadera muestra de que cuando el sentimiento más lindo se hace presente, no hay distancia de ningún tipo, ni de edad, ni de kilómetros, que pueda con esa fortaleza pura e indestructible.

lunes, 12 de noviembre de 2007

¿Asi que te mudaste? Contame cómo te fue!!


Hola queridos internautas. Después de un mes y medio vuelvo a escribir. No es que me invadió el ocio, tampoco pasé a “mejor vida” ni fue mi intención hacerlo... el problema fue ni más ni menos que la mudanza. Tarea desgastante si las hay… Esta bien, convengamos que no se siente tanto cuando toca mudarse por fin a su casa propia, o en su defecto, si se alquila, a una casa más grande …Bueno, no es mi caso, sépanlo.

Lo primero que puedo decir de la mudanza es que tiene al menos dos cosas positivas. Primero, la cantidad de objetos perdidos -valiosos o no- que se encuentran, cuando por ejemplo, se corre aquel pesado y viejo mueble de lugar. El comentario que sigue es: “Pero, mirá vossss, adonde estaba el/la … que no encontraba!!. Entre “eso” perdido figura por lo general: el “otro” aro, la “otra” media, alguna prenda -por lo general intima- , el cinco de bastos que revoleaste con bronca en alguna ronda de truco, y monedas, muchas, sobre todos las de cinco y diez centavos, fácilmente deslizables del bolsillo del pantalón post salida nocturna. La segunda cosa favorable es la cantidad de cosas que terminás tirando y que te ayuda a achicar el tamaño de los bultos. Dentro de ese rubro están por supuesto las estupideces que uno no entiende por qué guardó en algún momento, a saber:

- llaves que alguna vez abrán abierto algo
- cotillones de alguna fiesta de quince, o casamiento, etc,
- agendas telefónicas con nombres de gente que jamás recordarás qué fueron en tu vida
- boletos capicúas de los años ochenta (para los más jóvenes, hubo una época que los colectivos no tenían máquinas sino que los mismos choferes te entregaban los boletos y de colores!!)
- cajas de celulares, o algún electrodoméstico que alguna vez tuviste.
- etc, etc, etc.

Lo que sigue es lo peor: el flete, o mejor dicho, los fleteros. Porque de nada te sirvió cuidar esa costosa heladera de que no congelara de más, de evitar rayarla o golpearla, de equilibrar su peso para que no funcione mal, etc. Ahí los ves llegar a los fleteros, uno apodado “verruga”, metro y medio, algo así como un peso “mosca”, o peso “jején”- y cara de “mishiadura”. El otro sí, mas fortachón, pero con una panza que él mismo podría hacer un auto-flete, si ese abdomen voluminoso fuese hueco.
 

No, de nada sirvió cuidar tanto esa heladera, ese mueble, ese lavarropas, de nada sirvió advertirles que tengan cuidado con....... porque hay va “verruga” tambaleándose zigzagueante, cual borracho perdido, con el bártulo en su hombro, y con una escalera empinada como escollo. Al menos es primer piso...

Pero hete aquí que la nueva vivienda está en el 4º, y el ascensor es muyyyy chico..Conclusión, luego de que el gordo haya estirado las estrías de sus nalgas al máximo y “verruga” literalmente casi haya explotado al subir la heladera cuatro largos pisos, el flete dio por terminado su servicio, con las siguientes consecuencias: heladera rayada en la parte frontal, escritorio con directamente un collage de rayas –directo para “Utilísima”-, manguera de lavarropas tajeado –advertido recién al hacer el primer lavado...
 

Ya en la nueva casa, se pasa a la ultima etapa crítica: acomodar todas las cosas con un ambiente menos por delante... No hace falta adivinar... ya se imaginan las próximas discusiones familiares: “¡Dónde pusiste las ollas/ corbatas/ cremas/ barbis/ etc!!” “¡Te dije que yo iba a guardarlo, no sé por qué tocaste mis cosas!” “¡Está faltando una caja, seguro la dejaste olvidada allá!”


En fin, no me extiendo más. Si alguno se sintió identificado, me habrá sabido entender... Y sino, al menos creo haber justificado mi ausencia, ¿no?