miércoles, 9 de julio de 2008

Ventanas abiertas... al desafío


Varias de sus frases combinan sentimientos de nostalgia, tristeza, anhelo y por supuesto, amor. Algunas veces en forma de palabras; ya sea con voz clara y firme o con tímidos balbuceos. Pero en su gran mayoría la expresan sus ojos.

Nada es casual. Ni su fuerte apego a sus raíces, la misma que la de muchos otros, para los que el cruce de frontera se transforma de manera instantánea en un puente imaginario hacia lo desconocido. Ni tampoco su manera de mostrar y de sentir a través de su mirada. Porque son precisamente esos círculos grandes y profundos que embellecen su rostro por duplicado los que revelan quién es.


Corrían los años ochenta cuando Asunción la vio nacer. Su infancia se desarrolló dentro de una familia rica en lo más esencial: calidez, cariño y contención. Desde muy temprano se hizo querer por todos los que la rodeaban. Lo suyo no era el histrionismo, (como queda de manifiesto en antiguos videos caseros), pero en cambio tenía en su haber otras virtudes: era una nena muyyyy tranquila, callada, no lloraba ni hacía renegar, algo muy disfrutado por sus afectos.


Con el paso del tiempo, la niña fue logrando conquistas con otras armas. Primero, su belleza física fue tomando forma, en el sentido más explícito de la palabra. Es que la redondez de sus primeros años se empezó a distribuir hacia zonas más atractivas y considerables, dejando eso sí, resabios en su cara con dos cachetes a pedir de alguna “tía cargosa”.


Pero no todo quedó ahí. Como si el destino hubiese querido que esta mujer no se luciera sólo en lo estético, su estatura decidió abandonar el rol protagónico, y así, el metro cincuenta y nueve le abrió las puertas a lo más valioso. No, no me refiero a la capacidad de madrugar por sus propios medios, misión francamente imposible, sino a su personalidad. La inteligencia que se esconde a través de esa mirada enigmática y honesta constituye su verdadero tesoro.


Ella regala impresiones muy gratas de asentamiento y madurez. Parece decir muchas cosas al mismo tiempo, casi con la misma instantaneidad con la que ha vivido. Es que en apenas veintitrés años esta bella asunceña pasó por situaciones de las más variadas. Tal intensa vida le ha generado una multiplicidad de roles que no reniega asumir, a la vez que disfruta tanto recibir mimos, como mimar casi “maternalmente” a su hermanita, ochos años menor.


Pocas personas con una vida tan ambulante como la suya logran que lo más constante sea la fortaleza y la valentía, cualidades que en ella aún no han encontrado hasta el momento límites imaginables.