domingo, 26 de octubre de 2008

Hortensio se enamora

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A pesar de ser considerado un niño con una tardía madurez, a Hortensio también le llegó el amor. Más aún, en este terreno el muchacho de Longchamps sí que fue todo un adelantado: tenía apenas diez años cuando recibió el flechazo de Cupido. La afortunada -o víctima- en cuestión fue su compañerita de sexto, Natalia.

Naty no era la niña más linda del grado pero tenía sus encantos. Era una de las más altas y a su rostro regordete lo adornaban dos enormes ojos verdes, interminables pecas y corte de pelo carré.
 
El contexto no podía ser el mejor. Promediaban los ’80 y por ese entonces la organización de “asaltos” era una moda en pleno auge entre la juventud.
Aclaración. La referencia no es para los actos delictivos, que rigen con todo éxito en 2008 y luchan por permanecer. Eran llamadas así a las reuniones matinée en casa de algún compañero donde, por lo general, la comida quedaba a cargo del elenco femenino y la bebida del masculino. Por supuesto, como la música era un elemento imprescindible, varios de los concurrentes aportaban su material, por supuesto en casettes, de las bandas top del momento. Así, durante el transcurrir de la tarde-noche se sucedían The Police, con hits como “I can’t stand losing you”,




The Cure, Ahá, U2, la joven Madonna, y grupos locales como Virus, Los Abuelos de la Nada, Los Fabulosos Cadillacs -con “Mi novia se cayó en un pozo ciego”- y Los Pericos –con su primer hit “El ritual de la banana”.


Al final del festín, los infaltables “lentos” como “I should have know better” de Jim Diamond, aparecían con toda su fuerza, oportunidad inmejorable -sino el único- para materializar cualquier coqueteo previo y conseguir el beso de alguna niña.



Por todo lo señalado, los asaltos tenían los condimentos necesarios para que el corazón de los prepúberes experimentara sus primeras aceleraciones. Un claro ejemplo fue el niño Hortensio Pavone.

Desde el primer asalto en casa de Jimena, Tomate quedó flechado con Natalia a tal punto que desde entonces no pudo dejar de pensar en ella. Se sentía extraño; no era para menos: nunca había experimentado algo así con otra persona que no fuera su mamá, algo así, tan manifiesto, tan fuerte, tan real. 

Pero no era sólo la inexperiencia el único obstáculo a superar. Tomate era tímido en exceso, algo que quedó en evidencia aquella primera vez en que invitó a Naty a bailar. Sus palabras se pronunciaron en un dialecto indescifrable, dada su tartamudez, y al momento del baile, sus pasos eran tan rígidos y fuera de ritmo que parecía un árbol sacudido cada tanto por alguna ráfaga de viento…

Esa timidez le impidió decirle a Naty lo que sentía por ella. Pero rápidamente encontró un canal de expresión alternativo: la escritura. Hortensio se mostró cómodo con este método y comenzó a hacer sus primeros jueguitos de palabras en cualquier lugar donde podía:


Luego incorporó los “te quiero” y unos cuantos piropos efectistas.


Tarde o temprano estas reiteradas muestras de amor fueron conquistando el corazón de Naty. Y fue así que las respuestas no se hicieron esperar. Hortensio también empezó a recibir cartitas de ella…

El momento soñado ocurrió en el asalto de Florencia. A pedido general de los presentes -porque el jamás se hubiera animado a tomar la iniciativa- el choque de labios al fin se produjo, lo que significó para Hortensio, dar inicio a su primer noviazgo, sacando a su madre, por supuesto.

Sin embargo, a pesar de tener la situación bajo control, Hortensio siguió sin poder controlar su timidez y salvo en los asaltos, donde con temas de fondo como “Lady in red”, de Chris de Burgh o “Take my Breath Away”, de Berlín, se animaba a intercambiar algunas palabras o cariños con Naty, mayormente seguía comunicándose con ella por escrito.


Sólo una vez Tomate la invitó a su “novia” a tomar un helado. Pero no le fue nada bien. Primero porque no fue él el que la llamó por teléfono sino su madre –no se animó-. Segundo, porque ella estaba engripada…

El fin de la relación, por la evidente falta de recursos por parte de Hortensio, se tornaba previsible. Pero no para el escritor de cartitas que lejos de darse cuenta, seguía felizmente enamorado.

Hasta que un día la burbuja explotó. En el asalto de Mariana, llegó más tarde que de costumbre y descubrió a Naty con Federico, dándose un beso muchísimo más apasionado que los piquitos inocentes, cortos y secos que se daba con su ahora “ex”, quien evidentemente había decidido pasar a otra etapa de experimentación…

Fue así como Hortensio pasó en pocos meses de ser el novio más joven de la escuela a ser el cornudo más joven de la historia de la humanidad.



domingo, 19 de octubre de 2008

Soledad


Soledad difícil de llevar,
soledad difícil de controlar,
soledad déjame desnudar,
el lugar donde quiero estar;

Soledad con miedo,
soledad con sueño,
soledad ya no mires al suelo
y juguemos al duelo;

Soledad sin sonrisa,
soledad no querida,
soledad ya me tienes unida
a la venganza de la vida;

Soledad sin ladrar,
Soledad sin calmar
Soledad imposible de aplacar
déjame un poco respirar.


Alet*


*Gracias por haber compartido con Sanata... este poema escrito a los catorce años.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Algunos consejos para ascender a ¡Jefe!


Las hay mujeres; los hay hombres; los hay altos, petisos, gordos, narigones, pelados… Jefes hay de distintos tipos y personalidades. Sin embargo, y a pesar de las diferencias, esta raza particular tiene ciertas características generales que las identifica y que constituyen elementos imprescindibles de ser incorporados (*).
A continuación, un decálogo de pasos a seguir para aquel aspirante a ocupar ese lugar privilegiado:
1 - Sea lo más alcahuete que pueda a cualquier superior. En otras palabras, chúpele las medias (o lo que Ud. crea conveniente).
2- Practique gestos frente al espejo que parezcan que presta atención a los reclamos de sus subordinados. Combínelos con gestos de compasión y compromiso. Total, sólo son gestos, no acciones.
3- Estudie vida y obra de los políticos más representativos de su país. Son verdaderos ejemplos de cómo llegar a la cima con habilidad y descaro.
4- Mienta, dónde y cuanto pueda; tenga presente que cuando ocupe el sillón la hipocresía será su alimento diario.
5- Practique seguido con su mascota lo siguiente: Amague que la va a dar algún alimento símil galletita pero haga sólo el movimiento de lanzamiento. Salvando las distancias es exactamente lo que va a hacer luego con su gente, por ejemplo, ante reclamos salariales.
6- Sepa también que para sus empleados tendrá que tener respuesta para todo, aunque la mayoría sean incoherentes; lo importante es desairar y/o dejar sin palabras a su interlocutor.
7- Ojo, de vez en cuando serán puestos a prueba sus conocimientos, por lo tanto seleccione varios libros didácticos para tener en su futuro despacho y sobre todo, un buen asesor de carne y hueso.
8- Distánciese poco a poco de gente de clase social media y/o baja, que por lo general se reparte entre una posible competencia o directamente está condenada al fracaso. Piense que cuando alcance “el podio más alto”, ya esa gente pasará a ser inferior cuando no invisible. De ahí en más Ud. será de la elite y por lo tanto sólo establecerá relaciones con gente de su casta.
9- Tenga presente que esa gente inferior deberá ser tratada a su vez con indiferencia, indignación y prepotencia. Desde la cima Ud. comprobará que la esclavitud en realidad nunca se ha abolido.
10- Si en un momento se siente perdido, falto de confianza, débil, e incrédulo sobre el camino tomado, aférrese fuertemente a los pecados capitales. La práctica de la soberbia, la ira, la envidia, las avaricia, entre otras, le otorgarán una vía rápida para llegar al objetivo soñado.
Estos son sólo algunos aspectos a tener en cuenta. Desde ya, Sr. lector, puede dejar su aporte, a partir de su propia experiencia, tanto como jefe o como víctima.

(*) Siempre hay excepciones a la regla. Lo que se espera es que de alguna vez por todas esa minoría deje de serlo, pues existen, aunque no lo parezcan, verdaderos líderes positivos, y con armas no tan "dañinas".
Dedicatoria especial: A mi amigo chileno, de quien recordé al subir la foto una de sus frases más conocidas: “Nooo, disculpe, pero esa mano no es franca”.

sábado, 2 de agosto de 2008

Mi nombre es Hortensio

Esta es la historia de un muchacho poco afortunado. Ya de entrada, sus padres, los Pavone, amantes del cultivo de vegetales, frutas y hortalizas en su propia casa de Longchamps, no tuvieron mejor idea que ponerle Hortensio. Sí, como se lee, Hortensio Pavone, a secas, sin segundo nombre. Seguramente se preguntarán por qué condenaron así a su hijo. Bueno, eso es algo que ni Estanislao de la Cruz Pavone, ni Dionisia Petrona Villa de Pavone, jamás aclararon. Pero de todos modos, para los suyos siempre fue “Tomate”, no sólo por el color al que tornaban seguido sus mejillas sino por la dificultad que generaba armar un apodo con su nombre, pues ni “Horti”, ni “Tensi”, ni mucho menos “Pavo” o “Pavito” parecían apropiados.

Así, con esa pesada carga, empezó a transitar por el mundo Hortensio “Tomate” Pavone. Hijo único, se crió en esa vivienda del sur del Gan Buenos Aires, una casa blanca, baja y pequeña en superficie, pero con un gran terreno en el fondo donde se hallaba la huerta, aquella que autoabastecía a toda la familia. 

Tomate fue de chico muy tímido, de pocas palabras, aunque inquieto, y torpe, bastante torpe. No pasaba un día sin romper algo, acto que acompañaba con una veloz corrida hacia el fondo para evitar el “castigo” de su padre. Este deporte poco feliz de romper cosas, se profesionalizó en Hortensio al momento de empezar a crecer desmedidamente, para sorpresa de una familia de mediana estatura. A los doce años, ya alcanzaba el metro setenta y siete y era dificultoso para él desenvolverse en el interior de una casa no acondicionada para criaturas de su raza. Sus movimientos eran desiguales y cada giro brusco bastaba para llevarse por delante algún adorno de porcelana. 

Pero no sólo rompía objetos con facilidad sino que también se golpeaba y mucho. Para ello, Hortensio tenía una zona corporal preferida: la cabeza. Como si no se contentase con la redondez de su cráneo, Tomate pareció estar siempre decidido a moldearlo a golpes.

Su golpe de bautismo lo recibió a los cinco, cuando en un rapto de Supermanía, se paró en una mesita para emprender vuelo al Palacio de la Justicia, y terminó aterrizando con su frente. Mamá Dionisia aún guarda las fotos de su quinto aniversario que lo muestran “marcando tendencia” con un lomo de burro morado en el medio de la cara. El crecimiento prematuro potenciaría los golpes superiores, siendo su especialidad los marcos de las puertas de casas y medios de locomoción varios.

De todas maneras el porrazo más doloroso de Tomate fue un poco más abajo y varios años antes del mencionado estiramiento. Fue en un festejo infantil, cuando al querer manotear un globo que se hallaba arriba de un ropero, intentó un improductivo salto cuyo descenso encontró el peaje “Llave en la cerradura” a la altura de sus genitales….

Y si de golpes se trata, no se puede dejar de mencionar “los de puño”, aquellos que sobrevenían a las cargadas que comenzó a soportar ni bien empezó a interactuar con el mundo exterior. En la escuela por ejemplo, Hortensio siempre encontraba quien bromeara con su nombre. Y el aunque quería, no aguantaba... Y así terminaba, magullado, con el guardapolvo apto para “el desafío de la blancura” y de florero en la puerta de la dirección.

Así, a fuerza de golpes se abrió paso Hortensio. Pero a pesar de todas las vicisitudes por las que le tocó pasar, nunca recriminó a sus padres por tan condenable apelativo. Al contrario, nunca se atrevió a desobedecerlos. A su padre le tenía demasiado respeto, por no decir un miedo importante. Don Estanislao era un hombre corto de palabras pero amplio en cuanto a métodos de castigo. Su arma preferida era el cinto con una hebilla de delicada terminación traída de una casa de artesanías de Santiago del Estero, su provincia natal, que dejaba unos “tatuajes” bien fashion; luego le seguían distintos tipos de calzados, preferentemente con taco; y por último, si se le daba por improvisar, sus propias manos laboriosas. Por el contrario, con su mamá la relación era completamente edípica. Dionisia lo cuidaba como un bebé, pero un tanto en exceso, a punto tal que a los seis años Hortensio aún desayunaba chocolatada caliente en mamadera, recién un año después aprendió a ir al baño sin ayuda y a los doce a ducharse por su cuenta. ¿Si alguna vez se enojaba Dionisia con él? Muchas, pero a diferencia de su marido no tenía bien en claro cómo castigarlo, con lo que terminaba recurriendo a opiniones de las amigas de la peluquería del barrio, lugar de inspiración femenina por excelencia. Así el pobre Tomate debió soportar de la ducha con agua fría hasta arrodillarse sobre un papel de diario con sal gruesa…
(Próximamente, mucho más sobre la vida de Hortensio "Tomate" Pavone, el desafortunado personaje de Longchamps)

miércoles, 9 de julio de 2008

Ventanas abiertas... al desafío


Varias de sus frases combinan sentimientos de nostalgia, tristeza, anhelo y por supuesto, amor. Algunas veces en forma de palabras; ya sea con voz clara y firme o con tímidos balbuceos. Pero en su gran mayoría la expresan sus ojos.

Nada es casual. Ni su fuerte apego a sus raíces, la misma que la de muchos otros, para los que el cruce de frontera se transforma de manera instantánea en un puente imaginario hacia lo desconocido. Ni tampoco su manera de mostrar y de sentir a través de su mirada. Porque son precisamente esos círculos grandes y profundos que embellecen su rostro por duplicado los que revelan quién es.


Corrían los años ochenta cuando Asunción la vio nacer. Su infancia se desarrolló dentro de una familia rica en lo más esencial: calidez, cariño y contención. Desde muy temprano se hizo querer por todos los que la rodeaban. Lo suyo no era el histrionismo, (como queda de manifiesto en antiguos videos caseros), pero en cambio tenía en su haber otras virtudes: era una nena muyyyy tranquila, callada, no lloraba ni hacía renegar, algo muy disfrutado por sus afectos.


Con el paso del tiempo, la niña fue logrando conquistas con otras armas. Primero, su belleza física fue tomando forma, en el sentido más explícito de la palabra. Es que la redondez de sus primeros años se empezó a distribuir hacia zonas más atractivas y considerables, dejando eso sí, resabios en su cara con dos cachetes a pedir de alguna “tía cargosa”.


Pero no todo quedó ahí. Como si el destino hubiese querido que esta mujer no se luciera sólo en lo estético, su estatura decidió abandonar el rol protagónico, y así, el metro cincuenta y nueve le abrió las puertas a lo más valioso. No, no me refiero a la capacidad de madrugar por sus propios medios, misión francamente imposible, sino a su personalidad. La inteligencia que se esconde a través de esa mirada enigmática y honesta constituye su verdadero tesoro.


Ella regala impresiones muy gratas de asentamiento y madurez. Parece decir muchas cosas al mismo tiempo, casi con la misma instantaneidad con la que ha vivido. Es que en apenas veintitrés años esta bella asunceña pasó por situaciones de las más variadas. Tal intensa vida le ha generado una multiplicidad de roles que no reniega asumir, a la vez que disfruta tanto recibir mimos, como mimar casi “maternalmente” a su hermanita, ochos años menor.


Pocas personas con una vida tan ambulante como la suya logran que lo más constante sea la fortaleza y la valentía, cualidades que en ella aún no han encontrado hasta el momento límites imaginables.

lunes, 23 de junio de 2008

Recuerdos grabados... en un apunte

21 de junio de 1994. Dallas, USA. Debut de la Selección argentina en el campeonato mundial de fútbol. El rival, Grecia. No era un partido más: Diego Armando Maradona volvía a ser el diez del equipo por cuarta vez consecutiva en el torneo más importante.
Quienes pocos meses atrás lo daban por retirado, fueron testigos de la exigente preparación que llevó adelante el "pelusa" para estar presente ese día. Y tanto sacrificio tuvo su recompensa, porque Argentina ganó, gustó y goleó. Fue 4 a 0 y el Diez marcó un golazo, el último que haría para el combinado nacional.
El entusiasmo y la alegría embargó a todo el pueblo futbolero. "Con este equipo somos candidatos", se escuchaba por las calles... No era para menos; aquel era un equipo vistoso con figuras como Redondo, Balbo, Caniggia y Batistuta...

Por aquel tiempo contaba con 17 años recién cumplidos. Como todo fanático del fútbol y de Diego, en mi cabeza no había otra cosa que el Mundial. Más aún con recuerdos tan presentes como los México'86 e Italia'90. No había diario ni revista que no comprase. Así me convertí en una suerte de improvisado estadígrafo. Sabía todo acerca de números y nombres de los protagonistas...
Al día siguiente de esa gran victoria ante el equipo griego me compré religiosamente El Gráfico. Un inminente exámen de filosofía imperó contra mis ganas de disfrutarlo a piaccere asi que lo dejé en la otra punta de la mesa para "devorarlo" más tarde.
Como chico aplicado, saqué de la mochila el apunte de "El Banquete" de Platón y lo puse frente a mis ojos. No hubo caso. Esa pseudo voluntad que sobrevino de agarrar el texto y leerlo con gran interés quedó al desnudo en cuestión de minutos. Cada pausa que la lectura me ofrecía era una invitación para mis ojos perversos que como dos imanes se clavaban desvergonzadamente en la imagen de un Diego gritando furiosamente su conquista. Hasta que, como lo diría un veterano comentarista, "...definitivamente El Banquete se quedó sin aire y sin recursos defensivos y la potencia y ambición de la revista deportiva determinó su inobjetable derrota..."
En ese instante ocurrió lo inesperado. Cuando todo parecía que me iba a poner la servilleta al cuello y pinchar cada página futbolera con el tenedor, la veta artística se hizo presente. Y fue así que lejos de agarrarla con la desesperación consumista apenas la acerqué un poco hacia mí. A su vez, el texto filosófico, lejos de ser enviado vía aérea por mi empeine izquierdo hacia destino incierto, simplemente fue invertido en su posición hacia el lado en que no estaba escrito. Saqué punta a un lápiz mocho y empecé a dibujar esa tapa tan simbólica. Fue un trabajo lento y me llevó un buen rato terminarlo. Orgulloso por el resultado, y aún con la inspiración a flor de piel luego continué con otra imagen de un Diego sonriente...

Mas allá de que la historia deportiva no tuvo un final feliz, estas dos creaciones han quedado como muestras patente de tres cosas:

1- el excesivo tiempo de ocio que tenía en mi época de adolescente y que hoy por hoy ya no tengo
2- que alguna vez dibujé algo realmente bueno (nunca más pude repetir a ese nivel con lo cual debe haber sido un virus o algo así)
3- que el fútbol y la filosofía pueden convivir (en este caso en una misma hoja).